TUCUMÁN
13 de marzo de 2026
Santa Ana, la otra cara de la emergencia: 60 familias perdieron todo tras el desborde histórico del arroyo Matazambi

El delegado comunal Hernán Romano describió la situación en la localidad tucumana, donde las lluvias torrenciales provocaron el desborde de un curso de agua que no crecía desde hacía cinco décadas. Vecinos debieron ser rescatados desde los techos, y más de 200 personas permanecen damnificadas sin heladeras, cocinas ni documentos.
Mientras la atención mediática se concentra en La Madrid, la localidad de Santa Ana emerge como otro de los puntos críticos de la emergencia hídrica que azota a Tucumán. Las lluvias torrenciales de los últimos días provocaron el desborde del arroyo Matazambi, un curso de agua que no registraba una crecida de esta magnitud desde hacía cinco décadas. El barrio El Mollar, ubicado en su vera norte, sufrió consecuencias inéditas que dejaron a más de 200 personas en situación de extrema vulnerabilidad.
La jornada del viernes trajo cierto alivio a la zona. El delegado comunal de Santa Ana, Hernán Romano, describió un panorama de "lluvias tenues y cotas de ríos y arroyos mucho más bajas", un respiro después de días de angustia. Sin embargo, el funcionario no ocultó la gravedad de lo ocurrido: "Este temporal genera daños y traumas en la sociedad", resumió.
El dato más impactante lo aportó el propio Romano al revelar la magnitud histórica del desborde. "El arroyo Matazambi no había desbordado en 50 años", precisó, y agregó que el barrio de El Mollar, asentado en su margen norte, "nunca había tenido un problema de este tipo". La falta de antecedentes explica, en parte, la vulnerabilidad con la que las familias enfrentaron la crecida.
Cuando el agua comenzó a subir sin aviso, muchos vecinos quedaron atrapados. "Se pudo salvaguardar la vida de los vecinos", afirmó Romano, aunque el rescate no fue sencillo. "Algunas personas que subieron a los techos fueron sacadas con botes. Era una zona muy peligrosa", recordó.
Ahora, con el agua en retroceso, emerge el drama de la pérdida total. "Cuando el agua pasa deja a familias enteras sin nada. Son personas que no tienen heladera, no tienen cocina, no tienen dinero, no tienen documentos, no tienen ropa", describió el delegado. El censo preliminar arroja una cifra preocupante: 60 familias damnificadas, lo que representa un poco más de 200 personas que "no tienen capacidad operativa", en palabras de Romano, para reiniciar sus vidas por sí mismas.
Las causas de la catástrofe, según el funcionario, se inscriben en un fenómeno global. "Estamos hablando de cientos de milímetros en horas, evidentemente el cambio climático vino para quedarse", sentenció.
En medio de la desolación, las autoridades ya miran hacia adelante. El próximo lunes está previsto el regreso a clases, y desde la comuna trabajan para garantizar que los alumnos y los docentes puedan llegar a los establecimientos educativos, un desafío logístico en caminos que aún muestran las huellas del agua.









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