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20 de enero de 2026

Secta y poder: empleados del Senado bonaerense, detenidos por abusos dentro de una agrupación política

Los acusados, referentes del movimiento “La Capitana”, usaban su militancia para captar víctimas, según la investigación. Los testimonios detallan amenazas de muerte y sesiones de “reentrenamiento”.

La investigación por los presuntos abusos sexuales cometidos dentro del grupo autodenominado “La Orden de la Luz” revela un elaborado mecanismo de manipulación psicológica y espiritual, según los testimonios de las mujeres denunciantes. Los líderes de la secta, Nicolás Rodríguez y Daniela Silva Muñoz –empleados del Senado de la provincia de Buenos Aires y militantes del movimiento kirchnerista “La Capitana”–, fueron procesados a fines de diciembre por la fiscal Betina Lacki (UFI N°2 de La Plata) por al menos cuatro hechos ocurridos entre 2015 y 2019.

La fiscalía describe una estructura piramidal donde Rodríguez se presentaba como el “Dios Kiei”, un “semidiós reencarnado” y guerrero con supuestos poderes mundiales, al que las víctimas debían servir. Silva Muñoz actuaba como “Sensei” o maestra espiritual, utilizando su papel de confidente para persuadir a las mujeres de mantener vínculos sexuales con Rodríguez, argumentando la imposibilidad de romper la “trieja” (relación de tres).

Las tres “esencias” del líder: Skrull, El Misterioso y Kiei

Según el relato de una de las denunciantes, al que accedió este medio, Rodríguez manifestaba diversas personalidades o “esencias” de vidas pasadas para ejercer control:

  • Skrull: Descrito como “el más violento, una especie de mono”. Según su testimonio, “me golpeaba fuerte, abusaba de mí y dos veces me levantó del cuello contra la pared”.

  • El Misterioso: Una entidad que “venía a aconsejarme y decirme lo que tenía que hacer”, presionándola para “garantizar la satisfacción” de Rodríguez.

  • Kiei: Otra de sus identidades divinas. “Me decía que iba a matar a mis hermanos si no hacía lo que me decía. A Nicolás varias veces lo encontraba adentro de mi casa, pintado con la cara de negro, vestido de negro y con una catana o navajas”, declaró la mujer.

Captación, amenazas y “reentrenamiento”

Las víctimas eran captadas en distintos ámbitos vinculados a los acusados: la militancia política en “La Capitana”, la universidad –donde Rodríguez era ayudante– y eventos de mujeres, donde Silva Muñoz se desempeñaba como referente de Género. La investigación señala que, “en clara oposición a las funciones que debería llevar a cabo”, ella facilitaba los encuentros para los abusos, incluso en la oficina del Senado.

El control se mantenía mediante amenazas de muerte –a ellas o a sus familias– si intentaban abandonar la secta, la difusión de supuestos videos íntimos y una dependencia económica, ya que Rodríguez le pagaba los estudios a al menos una de las denunciantes.

Existían además sesiones de “reentrenamiento” o para “domar el fuego” en la casa de Silva Muñoz, donde se obligaba a las víctimas a apagar llamas con las manos si se “rebelaban”, vinculando el dolor físico con la desobediencia espiritual. También se usaban tácticas psicológicas extremas, como enviar correos electrónicos a la madrugada con instrucciones absurdas para probar lealtad, hablar de fuerzas malignas o exigir que esperaran en la calle.

Causas paralelas y situación procesal

La causa principal tramita en el Juzgado de Garantías N°4 a cargo del juez Juan Pablo Masi. Los acusados están procesados por “abuso sexual con acceso carnal agravado” por ser cometido por dos personas. Existe una investigación paralela en el juzgado de Pablo Raele por hechos que, según la denuncia, habrían ocurrido dentro de las oficinas del Senado bonaerense, la cual se encuentra en etapa de instrucción.

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