POLICIALES
18 de marzo de 2026
La hipótesis del fiscal en el crimen de Érika Álvarez: "Sosa no actuó solo, pero aún no podemos identificar a los otros"

El fiscal Pedro Gallo sostiene que el principal acusado contó con ayuda para matar a la joven en Yerba Buena, aunque admite que hasta ahora no hay pruebas para individualizar a los partícipes directos. La teoría de una participación múltiple busca endurecer el escenario procesal.
A más de dos meses del femicidio de Érika Antonella Álvarez, la posición del fiscal Pedro Gallo se mantiene firme en un punto central: el principal acusado, Felipe "El Militar" Sosa, no habría actuado solo. Sin embargo, el propio representante del Ministerio Público reconoce que todavía no existen elementos suficientes para identificar a las otras personas que, según su hipótesis, participaron directamente en el crimen.
"El imputado, con la ayuda de otras personas no identificadas hasta el momento, acabó con la vida de la joven", afirmó Gallo en una de sus últimas presentaciones. Esa frase condensa la postura fiscal y al mismo tiempo expone la principal debilidad de su planteo: la ausencia de pruebas concretas que permitan individualizar a esos eventuales partícipes.
Una estrategia procesal
En el expediente, la hipótesis de una participación múltiple cumple una función clara: evitar que la investigación quede reducida a un único responsable y dejar abierta la posibilidad de que, en el futuro, puedan sumarse nuevos acusados por el homicidio directo. Fuentes judiciales reconocen que se trata de una línea que podría modificarse con el avance de la causa, pero que en su formulación actual también compromete a quienes hoy están imputados por encubrimiento.
Gallo busca sostener que detrás del crimen hubo una estructura o al menos un acompañamiento que excede la figura de Sosa. Sin embargo, esa construcción choca con la realidad procesal: los otros tres detenidos —Justina Gordillo, Nicolás Navarro Flores y Jorge Orlando Díaz— permanecen acusados únicamente de encubrimiento, sin que hasta ahora se hayan reunido elementos que los vinculen con la ejecución del homicidio.
Lo que está probado y lo que falta
Lo que la fiscalía tiene acreditado hasta el momento es el recorrido final de la víctima. Érika ingresó durante la madrugada del 7 de enero al domicilio de Sosa en Yerba Buena y murió horas después tras recibir una golpiza de extrema violencia. La autopsia confirmó lesiones severas en cráneo, rostro y zona cervical, además de una mandíbula dislocada. Su cuerpo fue hallado al día siguiente en un descampado de Manantial Sur.
Sobre esa base, la fiscalía construyó la acusación contra Sosa por femicidio. Pero cuando se trata de determinar si hubo más personas en la escena del crimen, las certezas se desvanecen.
La mirada sobre los encubridores
Para Gallo, el hecho de que Gordillo, Navarro Flores y Díaz estén acusados de encubrimiento no descarta que pudieran tener un conocimiento más profundo de lo ocurrido o incluso una participación indirecta. Las declaraciones de los imputados permitieron reconstruir movimientos posteriores al crimen: el cuerpo de la joven habría permanecido oculto en el lavadero de la casa de Sosa al menos hasta la noche del miércoles, y se mencionó la presencia de un "cerrajero" que trabajó en ese sector y nunca pudo ser identificado.
Esos indicios alimentan la sospecha de una red de encubrimiento más amplia, pero no alcanzan para sostener una imputación por homicidio.
Las defensas cuestionan
Desde las defensas, la posición es unánime: no existen evidencias de que otras personas hayan estado presentes al momento del crimen. Juan Pablo Bello, representante de "Chicho" Díaz, sostuvo que la participación de su defendido fue posterior al hecho. En la misma línea se pronunciaron los abogados de Navarro Flores, quienes aseguran que la víctima y Sosa estuvieron solos cuando ocurrió la golpiza fatal.
Para estos letrados, la hipótesis fiscal de una participación múltiple es más una estrategia para endurecer el escenario procesal que una línea con sustento probatorio.
El móvil, otra incógnita
Mientras la fiscalía concentra sus esfuerzos en determinar quiénes estuvieron involucrados, la familia de la víctima impulsa otra línea. Carlos Garmendia, abogado de los Álvarez, consideró que antes de avanzar sobre nuevas responsabilidades es necesario precisar el móvil del crimen y adelantó que presentarán un escrito en la Justicia Federal para investigar una posible conexión con el narcotráfico.
Gallo, por ahora, mantiene su postura. Sabe que sostener la hipótesis de que Sosa no actuó solo es clave para evitar que la causa se cierre con un único responsable. Pero también sabe que, mientras no aparezcan pruebas que identifiquen a esos otros partícipes, su teoría seguirá siendo eso: una teoría.









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