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26 de febrero de 2026

Descubren en la Patagonia al dinosaurio más pequeño de Sudamérica: pesaba menos de un kilo y vivió hace 95 millones de años

Un equipo de científicos argentinos y estadounidenses presentó en Nature el fósil casi completo de Alnashetri cerropoliciensis, un carnívoro del tamaño de un cuervo que habitó en Río Negro. El hallazgo revela nuevas claves sobre la evolución de los alvarezsaurios.

Hace 95 millones de años, la Patagonia argentina era el escenario donde convivían algunos de los dinosaurios más imponentes que hayan existido: el temible carnívoro Giganotosaurus, de unas ocho toneladas, y el inmenso herbívoro de cuello largo Argentinosaurus, que podía alcanzar las 70 toneladas. Pero un nuevo descubrimiento publicado este miércoles en la revista Nature demuestra que la región no era exclusivamente la "tierra de los gigantes".

Investigadores de la Universidad de Minnesota y del CONICET presentaron el hallazgo de un esqueleto bien conservado y casi completo de Alnashetri cerropoliciensis, uno de los dinosaurios más pequeños conocidos hasta la fecha. Con un tamaño similar al de un cuervo y un peso de aproximadamente 0,7 kilogramos, el ejemplar —apodado "Alna"— era una hembra que habitaba un entorno desértico y murió después de cumplir cuatro años, por lo que estaba casi completamente desarrollada.

"Alnashetri es realmente diminuto. Con un peso de alrededor de 0,7 kilos, es más pequeño que un pollo. Ni siquiera llegaría a la altura de la rodilla de una persona adulta media", explicó Peter Makovicky, paleontólogo de la Universidad de Minnesota y autor principal del estudio.

Un depredador miniatura en el "desierto de los huesos"

El fósil fue desenterrado en arenisca en el yacimiento de La Buitrera, ubicado en la provincia de Río Negro, al norte de la Patagonia. La zona, conocida por los pueblos originarios como Kokorkom —"desierto de los huesos" en mapuche— ha resultado ser una verdadera mina de oro para los fósiles de vertebrados pequeños y medianos del período Cretácico.

A diferencia de los enormes herbívoros y carnívoros que dominaban el imaginario de la época, Alnashetri era un ágil depredador de animales pequeños. Sus dientes puntiagudos, numerosos y fuertes, similares a los de un pequeño Velociraptor, le permitían cazar lagartos, serpientes, mamíferos e invertebrados.

"Su cuerpo se asemejaba al de un gallo, pero con una larga cola. Sus brazos estaban bien desarrollados, aunque no lo suficiente como para permitirle volar", describió Sebastián Apesteguía, paleontólogo de la Fundación Félix de Azara y del CONICET, coautor del estudio. La cola, aunque no se conserva en su totalidad, parece haber sido tan larga en relación a su cuerpo como la de cualquier otro dinosaurio carnívoro típico, lo que hacía que Alnashetri midiera unos 70 centímetros de largo, la mayor parte de los cuales correspondían a la cola.

El excelente estado de conservación del esqueleto, con los huesos en la misma posición que tendrían en vida, se debe a que tras su muerte el cuerpo de Alna quedó rápidamente cubierto por una duna de arena. Este hecho permitió a los investigadores realizar un examen histológico detallado, estudiando las estructuras óseas microscópicas. "El nivel de detalle histológico es exquisito", destacó Apesteguía.

Claves sobre la evolución de los alvarezsaurios

El hallazgo de Alnashetri ofrece información crucial sobre los alvarezsaurios, una familia inusual de dinosaurios dentro del grupo de los terópodos —que abarca a todos los dinosaurios carnívoros—. Estos animales eran predominantemente pequeños, con extremidades delanteras cortas pero poderosas, extremidades traseras largas y gráciles, y cráneos de estructura ligera. Los investigadores sospechan que Alnashetri tenía plumas, basándose en fósiles de otros alvarezsaurios, aunque su parentesco con las aves es lejano.

Lo que hace particularmente valioso a este espécimen es que los alvarezsaurios posteriores de Argentina y otras partes del mundo poseían dientes diminutos y brazos reducidos equipados con una gran garra, presumiblemente usada para excavar termiteros como parte de un estilo de vida insectívoro. Sin embargo, Alna demuestra que existieron alvarezsaurios muy pequeños sin esa especialización en el consumo de insectos, y que la reducción de tamaño evolucionó varias veces en este linaje.

Los investigadores comparan la importancia del hallazgo con una "Piedra Rosetta paleontológica". "Pasar de esqueletos fragmentarios difíciles de interpretar a tener un animal casi completo y articulado nos permite identificar con precisión hallazgos más fragmentados y trazar transiciones evolutivas en anatomía y tamaño corporal", señaló Makovicky.

Una historia de doce años de preparación

La historia del descubrimiento se remonta a 2004, cuando se encontraron los primeros restos de Alnashetri: dos patas incompletas en La Buitrera. El espécimen actual fue descubierto recién en 2014, y luego requirió doce años de preparación y estudio antes de su presentación formal.

Aparte de las aves, que evolucionaron a partir de pequeños dinosaurios emplumados, Alnashetri es el dinosaurio más diminuto conocido de Sudamérica y rivaliza con los más pequeños descubiertos en el resto del mundo. La Buitrera ha sido especialmente prolífica en este tipo de hallazgos: allí se han encontrado también la serpiente primitiva Najash, el mamífero con dientes de sable Cronopio, el pequeño reptil herbívoro Priosphenodon y los pequeños dinosaurios Jakapil y Buitreraptor.

"Cuando pensamos en paisajes con dinosaurios, o a través de la lente de la ficción cinematográfica, imaginamos vastas extensiones con enormes bestias vagando en la distancia. Pero estos paisajes casi siempre carecen de un componente crucial del ecosistema: los animales medianos y pequeños", reflexionó Apesteguía. "La época en la que vivió Alnashetri, uno de los dinosaurios más pequeños, coincidió con lo que a menudo llamamos la 'era de los gigantes del sur'. Alnashetri nos muestra que no fue una época de gigantes, sino más bien una época de inmensa biodiversidad", concluyó.

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