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26 de febrero de 2026

"Me crié con un crimen impune": el doloroso testimonio de la hija de Paulina Lebbos a 20 años del crimen

Leticia Nieva reconstruye los fragmentos de su infancia marcada por la muerte de su madre, el acoso mediático, la soledad y la búsqueda de justicia. Hoy vive en Río Negro junto a la mujer que considera su madre adoptiva.

Tenía apenas cinco años cuando un gesto afirmativo de su abuela le confirmó que su madre no volvería. Dos décadas después, Leticia Nieva reconstruye desde Río Negro los fragmentos de una infancia atravesada por el crimen de Paulina Lebbos, ocurrido el 26 de febrero de 2006 en Tucumán, y sostiene una demanda que permanece intacta: saber quién la mató y por qué.

El testimonio de la joven, ofrecido a La Gaceta en el marco del vigésimo aniversario del hecho, aporta una mirada íntima y dolorosa sobre una causa que continúa sin resolución definitiva. Instalada en la Patagonia junto a la mujer que eligió como madre adoptiva, Leticia reconstruyó su historia personal y judicial a base de fotos, escritos, relatos familiares y un acompañamiento terapéutico que inició desde muy pequeña.

El día que el tiempo se detuvo

El 26 de febrero de 2006 marcó el inicio de una ausencia que definió su infancia. Leticia recuerda que ese día se encontraba en la casa familiar, donde vivía con su abuela, sus tías y su madre. Tras la desaparición de Paulina, su entorno decidió resguardarla en la vivienda de una prima ante la presencia constante de medios, pericias y policías en el domicilio.

La escena más vívida llegó cuando hallaron el cuerpo. Sus tías entraron llorando a la habitación y su abuela le confirmó, con un gesto afirmativo, que su madre no regresaría. Aunque inicialmente creyó que volvería, terminó comprendiendo la dimensión de la muerte, un concepto que, según explicó, su abuela ya le había enseñado desde pequeña debido a su propia enfermedad.

Los recuerdos directos de su madre son escasos y, en gran parte, reconstruidos. Leticia evoca momentos en la Facultad de Filosofía y Letras, juegos en el parque y escenas cotidianas en las que compartían bailes o comidas. La fuerte ligazón afectiva quedó, sin embargo, fragmentada por el trauma que siguió al crimen y por la corta edad que tenía entonces.

El impacto de crecer con un crimen impune

El golpe emocional se profundizó un año después con la muerte de su abuela, lo que provocó una ruptura definitiva del núcleo familiar. Criada luego por sus tías, inició desde muy chica tratamientos psicológicos que la ayudaron a reconstruir su historia, mientras crecía su necesidad de comprender el caso.

Leía diarios, buscaba documentos y hallaba declaraciones que, con el paso del tiempo, le permitieron dimensionar la brutalidad del hecho. Al mismo tiempo, el parecido físico con su madre —especialmente su cabello rizado— alimentaba temores personales y la sensación de reflejarse en la víctima.

El seguimiento mediático del caso también tuvo un impacto profundo. Leticia relató que escuchaba constantemente referencias a cómo había quedado el cuerpo de su madre y a la violencia sufrida, lo que la hacía sentirse a la vez espectadora y víctima. Para ella, el proceso judicial fue difícil de entender por su complejidad, las múltiples hipótesis y los cambios de fiscales.

Aún hoy, asegura, la angustia central reside en no saber qué ocurrió realmente y por qué fue asesinada Paulina, en un contexto en el que —según sostiene— se borraron pruebas y existieron maniobras de encubrimiento eficaces.

La búsqueda de una figura materna

Durante la infancia y la adolescencia buscó constantemente una figura materna que compensara la ausencia. Fue criada mayormente por adultos y atravesó crisis emocionales marcadas por soledad, ansiedad, ataques de pánico y episodios de autolesión.

En ese período encontró contención en docentes de la escuela secundaria y en la danza, disciplina a la que dedicó muchas horas. Entre esas educadoras conoció a quien hoy considera su madre adoptiva, un vínculo que se consolidó a partir de la escucha y el acompañamiento emocional que ella necesitaba.

Hoy, radicada en Río Negro, Leticia reconstruyó su vida lejos del escenario tucumano, pero lleva consigo una demanda de justicia que no se apaga con el paso del tiempo. "La angustia es no saber qué pasó ni por qué la mataron", resume, en una frase que condensa veinte años de silencio judicial y dolor personal.

El caso de Paulina Lebbos, una joven de 28 años desaparecida el 26 de febrero de 2006 y hallada sin vida días después en un paraje cercano a Tafí Viejo, cumple dos décadas con múltiples imputaciones, procesamientos y absoluciones, pero sin una condena firme por el crimen.

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