TUCUMÁN
15 de abril de 2026
Caracol gigante africano en Tucumán: una especie invasora con riesgo sanitario y ecológico
El hallazgo se produjo en barrio Ciudadela de San Miguel de Tucumán. La investigadora Eugenia Salas Oroño explicó que cada ejemplar puede poner hasta 1.000 huevos por puesta y recomendó no manipularlos sin guantes.
La aparición del caracol gigante africano en la capital tucumana encendió las alarmas entre especialistas y funcionarios, debido a que se trata de una de las especies exóticas más perjudiciales del planeta por su capacidad de alterar ecosistemas, dañar producciones agrícolas y representar un peligro para la salud de las personas.
Eugenia Salas Oroño, investigadora a cargo de la colección de moluscos de la Fundación Miguel Lillo, señaló que este molusco es originario de África y ya se encuentra ampliamente extendido en América Latina, luego de haber sido introducido en Brasil con propósitos comerciales.
“En Brasil se intentó utilizar como reemplazo del escargot, pero al no funcionar fue liberado al ambiente y comenzó a reproducirse rápidamente”, detalló la especialista. Su principal problema es la elevada tasa reproductiva: “Ponen hasta 1.000 huevos por puesta y pueden hacerlo dos o tres veces al año, lo que genera una gran cantidad de individuos en poco tiempo”.
Riesgos y características
El caracol gigante africano no solo compite con las especies nativas por el espacio y los recursos, sino que también puede dañar cultivos y albergar parásitos peligrosos para el ser humano.
“El problema es que ocupa los nichos de otros caracoles nativos y se alimenta de una gran variedad de plantas. Además, puede transmitir parásitos a través de su baba, lo que representa un riesgo sanitario”, explicó Salas Oroño.
Hasta el momento no se han confirmado enfermedades asociadas a los ejemplares encontrados en Tucumán, pero la investigadora remarcó la necesidad de extremar las precauciones. “Son potenciales portadores de parásitos que pueden causar enfermedades graves, por lo que hay que evitar el contacto directo”.
Cómo llegó a Tucumán
El primer registro en la provincia se originó a partir del alerta de una vecina del barrio Ciudadela, quien observó ejemplares de gran tamaño en su propiedad. A raíz de ese aviso, los especialistas de la Fundación Miguel Lillo comenzaron con las investigaciones.
“Se cree que pudieron haber llegado de forma accidental, por ejemplo en macetas, maderas o incluso adheridos a vehículos. Una vez que encuentran un ambiente húmedo y favorable, se establecen y se reproducen”, indicó la investigadora.
El clima de Tucumán, particularmente en las zonas de yungas, resulta propicio para su desarrollo, algo que ya había sido anticipado por estudios previos.
Qué hacer si aparece en casa
Ante la presencia de estos caracoles, los especialistas recomiendan no tocarlos directamente y aplicar medidas de control seguras.
“Si se los va a manipular, siempre debe ser con guantes o bolsas. Lo ideal es juntarlos y colocarlos en recipientes con sal para provocar su deshidratación, asegurándose de que estén muertos. También es importante buscar y eliminar los huevos”, aconsejó Salas Oroño.
Además, insistió en no arrojarlos vivos a la basura, ya que eso favorece su dispersión. “Hay que evitar que sigan propagándose, porque pueden convertirse en una plaga y afectar tanto jardines como zonas agrícolas”.
Finalmente, pidió dar aviso a las autoridades ante cualquier hallazgo. “Es fundamental informar a organismos como Fauna, Senasa o los municipios para que se pueda hacer un seguimiento y control adecuado”.
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