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17 de febrero de 2026

Comercio en Tucumán: entre la crisis y la reinvención, el microcentro busca un nuevo equilibrio

Indumentaria, alquileres e importaciones tensionan el negocio tradicional. Sin embargo, el 70% de los comerciantes que desocupan locales no dan de baja su CUIT: optan por estrategias alternativas para sostener la actividad.

El microcentro de San Miguel de Tucumán exhibe desde hace meses una postal que se repite en distintas cuadras: persianas bajas, carteles de "se alquila" y vidrieras que reducen su superficie. Sin embargo, lo que a simple vista parece un fenómeno de retracción uniforme esconde una realidad más compleja. El comercio tucumano no solo enfrenta una crisis de consumo, sino que atraviesa una mutación profunda en sus formatos de venta y estrategias de supervivencia.

La caída del poder adquisitivo golpea con fuerza las ventas minoristas. Los registros del sector muestran retrocesos interanuales sostenidos, con el rubro indumentaria entre los más perjudicados. Diciembre cerró con una merma significativa y la estacionalidad negativa del verano profundiza el cuadro: enero y febrero históricamente acumulan descensos que oscilan entre el 30% y el 40%. El bolsillo debilitado de los consumidores explica buena parte de esa retracción.

Pero detrás de los números agregados, las historias individuales revelan matices que ayudan a comprender la transformación en curso. Cynthia Rodríguez, propietaria de "Dasani Moda" durante 13 años, tomó la decisión de cerrar dos de sus cinco locales. La medida no fue repentina, sino el resultado de una presión acumulada que combina varios factores: la pérdida del poder de compra de sus clientas, la dificultad para sostener equipos de trabajo y el ingreso creciente de mercadería importada, que en 2026 se volvió mucho más notorio que el año anterior.

Rodríguez apostó por redes sociales, tienda online e incluso importación directa para mejorar márgenes, pero los costos estructurales terminaron pesando más. Alquileres, servicios, salarios y una carga impositiva que, según sus cálculos, representa más del 30% del precio final de cada prenda, redujeron su rentabilidad al mínimo. También advierte sobre la competencia informal de ferias y showrooms que operan en domicilios particulares con menores cargas tributarias.

El caso de Luisina Neme presenta una arista distinta. Tras 15 años al frente de "Luisina Vestidos", decidió cerrar el local, pero no por fracaso económico. Define su decisión como un cambio de ciclo personal y comercial. De hecho, asegura que 2025 fue su mejor temporada en términos de alquileres de vestidos. Su estrategia ahora es reconvertirse y expandirse hacia otros formatos y propuestas. En su caso, el cierre no significa retirada del mercado, sino reposicionamiento.

Patricio Velles, dueño de la sastrería femenina "Vértice", continúa resistiendo en el mismo local pese a lo que describe como una "crisis terrible". Para él, el problema es integral. Habla de baja de consumo, apertura de importaciones, dificultades de administración en algunos casos y, sobre todo, presión tributaria. Insiste en que el peso de los impuestos termina siendo más determinante que el valor del alquiler. Su negocio sobrevive gracias a la adaptación constante y a una estructura ajustada al máximo.

Desde la Federación Económica de Tucumán (FET) sostienen que el fenómeno debe leerse como una transformación estructural más que como un colapso generalizado. Según sus relevamientos del denominado microcentro extendido —delimitado por calles Santiago y General Paz, y desde La Rioja hasta Monteagudo— existen alrededor de 2.480 locales comerciales distribuidos en 124 cuadras, además de más de 300 locales en galerías.

El dato clave que aporta la entidad es que entre el 4% y el 5% de los locales se desocupan mensualmente, pero el 70% de esos casos no implica baja formal de CUIT. Es decir, muchos comerciantes no desaparecen del sistema: se mudan a zonas con alquileres más accesibles, reducen superficie o migran a showrooms en pisos superiores combinados con ventas digitales. Lo que cambia, fundamentalmente, es el formato de comercialización.

La tecnología acelera esta transición. El comercio electrónico crece mientras el presencial acumula más de seis meses consecutivos de caída. El público de entre 25 y 49 años muestra alta propensión a comprar online, lo que obliga a los negocios tradicionales a invertir en plataformas, logística y marketing digital para no quedar fuera del circuito.

El debate sobre los alquileres también aparece en el análisis. Desde el sector inmobiliario sostienen que Tucumán mantiene valores comerciales relativamente bajos en comparación con otras provincias y que las actualizaciones trimestrales por IPC permiten acompañar la evolución económica sin desfasajes abruptos. Sin embargo, muchos comerciantes coinciden en que el principal obstáculo no es el alquiler, sino la estructura tributaria y el escaso margen que deja la facturación actual.

La informalidad agrava el cuadro general. Las estimaciones del sector la ubican por encima del 60% en la provincia, afectando tanto a trabajadores como a pymes formales y al propio Estado. La competencia desigual erosiona márgenes y desalienta nuevas inversiones. Al mismo tiempo, el acceso al crédito es limitado y costoso. Las tasas de refinanciación de tarjetas pueden superar el 120% anual para quienes pagan el mínimo, restringiendo aún más la capacidad de consumo de los hogares.

En este escenario, la estrategia predominante entre los comerciantes es defensiva. Liquidaciones agresivas para recuperar capital inmovilizado, promociones creativas, alianzas comerciales y reducción de costos operativos forman parte de la rutina diaria. Muchos hablan de "inteligencia operativa": analizar horarios de mayor venta, perfil demográfico del cliente y estructura de gastos para sobrevivir con márgenes mínimos.

De cara a 2026, las expectativas están puestas en una eventual recuperación del consumo hacia el segundo semestre. La esperanza se apoya en posibles reformas laborales, financieras y tributarias que alivien la carga sobre las pymes y reactiven la demanda interna.

Mientras tanto, el microcentro tucumano vive una mutación silenciosa pero persistente. Menos vidrieras tradicionales, más ventas digitales. Menos expansión física, más estrategia de nicho. No todos los que bajan la persiana abandonan el comercio. Muchos simplemente cambian de lugar, de formato o de modelo de negocio. La crisis, en definitiva, no solo reduce: también obliga a reinventarse.

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