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4 de junio de 2026

La educación es el séptimo problema del país para los argentinos y solo preocupa al 5%, según un informe

Un estudio de Argentinos por la Educación revela que economía, política, desempleo e inseguridad están por delante. Las mujeres y los sectores de alto nivel socioeconómico muestran mayor preocupación, mientras la satisfacción con las políticas educativas ronda el 28%.

Un informe difundido por la organización Argentinos por la Educación revela que la educación se posiciona en el séptimo lugar dentro del ranking de los principales problemas que enfrenta el país. Solo el 5% de los ciudadanos argentinos identifica a la cuestión educativa como la preocupación más importante, ubicándose muy por detrás de otras problemáticas como la economía, la política, el desempleo y la inseguridad.

El relevamiento, elaborado por Valentina Gabrielli (Paris School of Economics), Tomás Besada y Eugenia Orlicki (Argentinos por la Educación), se nutre de datos del Latinobarómetro 2024 y de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés. El documento señala que la mayoría de los encuestados se manifiesta insatisfecha con las políticas educativas vigentes.

El estudio coloca a Argentina en línea con la tendencia regional. En América Latina, el promedio de personas que señalan a la educación como el problema principal es incluso más bajo: apenas el 3,4%. A nivel continental, los problemas que encabezan las preocupaciones son la inseguridad (19,1%) y los problemas económicos (18,1%). Solo en Brasil y Uruguay la educación aparece entre los cinco principales problemas: en el gigante sudamericano alcanza el 10% (tercer puesto), mientras que en Uruguay llega al 8% (cuarto lugar).

El informe analiza también la evolución histórica de esta percepción en Argentina entre 2004 y 2024. Los datos evidencian fluctuaciones significativas: la preocupación por la educación trepó a picos cercanos al 9% en 2006 y 2011, volvió a crecer en 2017, luego descendió hasta un mínimo de 3,4% en 2020, y desde entonces experimentó un aumento gradual hasta llegar al 5% en 2024. Los autores del estudio señalan que la educación mantiene una presencia constante en las inquietudes sociales, aunque compite con problemas económicos, políticos y de seguridad que concitan una mayor atención ciudadana en la región.

En cuanto a los perfiles sociodemográficos, el informe detecta diferencias relevantes. Las mujeres expresan una preocupación ligeramente mayor que los varones: el 7% de ellas menciona a la educación como el principal problema del país, frente al 6% de los hombres. Asimismo, la inquietud crece a medida que se asciende en la escala socioeconómica: mientras que el 8% de las personas de nivel socioeconómico alto considera a la educación como la máxima preocupación, entre los sectores bajos esa proporción desciende al 6%. Por edad, los grupos más jóvenes son los que muestran mayor preocupación relativa: el 7% de las personas de 26 a 40 años ubica a la educación en el primer lugar, en tanto que entre los mayores de 61 años la cifra cae al 4%.

El estudio también incorpora un análisis sobre la percepción social de la política educativa del gobierno nacional entre 2018 y 2026. Los niveles de satisfacción se mantienen bajos y fluctuantes: durante la mayor parte del período, la aprobación de la política educativa nacional osciló entre el 20% y el 35%. El punto más alto se registró entre 2019 y comienzos de 2020, cuando se aproximó al 45%. Luego descendió hasta alcanzar uno de sus mínimos en 2022, con niveles cercanos al 20%. Aunque desde 2023 se observa una recuperación parcial, en marzo de 2026 la satisfacción volvió a ubicarse alrededor del 28%. En comparación con otras áreas de política pública, la política educativa ocupa el octavo lugar en el ranking de satisfacción ciudadana. Solo las políticas de salud y de infraestructura presentan niveles de insatisfacción más altos.

Expertos consultados en el informe aportaron su mirada sobre los resultados. Valentina Gabrielli, coautora del estudio, sostuvo que “la educación figura entre los 7 principales problemas del país para los argentinos, pero no llega al top 3 de las prioridades en ningún año de la encuesta. Sin embargo, la satisfacción con la política educativa tiene un techo del 35% desde la pandemia hasta hoy”.

Por su parte, Inés Insua, líder de Ciudades de la Educación en RIL e investigadora en el CEDH de UdeSA, señaló que “es comprensible que, en un contexto de emergencias múltiples, otras problemáticas materiales inmediatas capten la atención pública prioritaria. Sin embargo, es imposible que los esfuerzos estatales y de la sociedad civil estén a la altura de la situación si la educación permanece fuera de la agenda de prioridades”. Y agregó: “Si buscamos un horizonte transformador, necesitamos consolidar la educación como el único medio real para que las personas puedan desarrollar una mirada crítica, tomar decisiones informadas y desplegar las capacidades necesarias para construir un proyecto de vida autónomo”.

El investigador del Conicet y vicerrector de Investigación del CIAS, Santiago Poy, explicó: “Aunque la educación es reconocida como una llave para un futuro mejor, ocupa un lugar relativamente secundario entre las preocupaciones inmediatas de los ciudadanos ante otras urgencias sociales y económicas”. Y añadió: “Como revela otro informe reciente del Instituto Universitario CIAS, esta tensión aparece con especial fuerza en los barrios populares, donde millones de familias viven en pobreza estructural. En estos barrios, la escuela es foco de múltiples demandas: las personas siguen depositando en ella expectativas de integración y progreso, mientras se le pide también la resolución de problemas sociales cada vez más complejos, muchas veces sin los recursos necesarios para hacerlo”.

Finalmente, desde el Centro de Estudios Municipales y Provinciales (CEMUPRO) plantearon que “la indiferencia que miden las encuestas no es un punto de partida: es el resultado de años en que la educación dejó de ser una promesa sostenida desde la política pública”. Frente a ese diagnóstico, sostuvieron que hace falta recuperar el argumento político sobre qué es la escuela pública y para qué existe, y recordaron que “la escuela pública es la institución que una sociedad se da a sí misma para suspender, aunque sea por un tiempo y en un espacio, el orden desigual que rige afuera. Si fue inventada históricamente para responder a ciertos imperativos de época, también puede ser reinventada para responder a otros”.

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