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18 de febrero de 2026

Javier Madanes Quintanilla, el dueño de Fate que concentra el monopolio del aluminio y fue mencionado en los Panamá Papers

A los 73 años, el empresario que lidera uno de los holdings más poderosos del país decidió cerrar la histórica fábrica de neumáticos fundada por su familia en 1940. Su fortuna de 1.500 millones de dólares, sus vínculos con paraísos fiscales y el enfrentamiento con el gobierno de Milei.

Detrás del anuncio del cierre de Fate y el despido de 920 trabajadores se encuentra uno de los empresarios más poderosos y, al mismo tiempo, de perfil más bajo de la Argentina. Javier Madanes Quintanilla, de 73 años, es el heredero y principal accionista de un holding familiar que incluye, además de la emblemática fábrica de neumáticos, el monopolio de la producción de aluminio primario en el país a través de Aluar, la hidroeléctrica Futaleufú y participaciones en el negocio de la energía eólica .

Nacido en Buenos Aires como hijo único de Adolfo Madanes, quien junto a su hermano Manuel fundó Fate en 1940, Madanes Quintanilla se formó como ingeniero industrial y construyó su trayectoria en un entorno familiar marcado por la industria. Su abuelo, Leiser Madanes, un inmigrante polaco, había impulsado la primera fábrica de impermeables en el barrio de Once, un antecedente de lo que décadas más tarde se convertiría en la Fábrica Argentina de Telas Engomadas que dio origen a Fate .

Una fortuna que lo ubica entre los 20 argentinos más ricos

Según el ranking de la revista Forbes, el patrimonio personal de Javier Madanes Quintanilla asciende a aproximadamente 1.500 millones de dólares, lo que lo coloca en el puesto 18 entre las mayores fortunas de la Argentina. El patrimonio familiar, en tanto, está valuado en unos 590 millones de dólares . Estas cifras lo sitúan muy por encima de la media de los industriales locales y han despertado cuestionamientos sobre la decisión de cerrar Fate en lugar de buscar alternativas para sostener la fuente de trabajo .

Casado y con tres hijos —Pía, José y Ramón—, Madanes Quintanilla cultiva un perfil público bajo, aunque quienes lo conocen lo describen como un lector habitual de filosofía, un interés que suele mencionar como parte de su formación intelectual. Es hincha de River y, a diferencia de otros grandes empresarios, se ha mantenido alejado de las cámaras empresarias durante más de 25 años. Fate no integraba la Unión Industrial Argentina ni la Cámara del Neumático, aunque Aluar sí participa en la Cámara del Aluminio por ser la principal productora del sector .

El origen del imperio: de las telas impermeables al monopolio del aluminio

La historia del grupo Madanes es también la historia de la industria argentina del siglo XX. Fate comenzó como un pequeño taller en el barrio porteño de Saavedra con 60 empleados, dedicado a la producción de telas impermeables y artículos de caucho. En 1945, la empresa dio un salto al incorporar la fabricación de neumáticos y cámaras para automóviles y camiones, y en la década del 60 inauguró la planta de San Fernando, la misma que ahora cierra sus puertas .

El gran salto del grupo se produjo a comienzos de los años 70, cuando la familia se quedó con el proyecto impulsado por la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse para desarrollar un polo de producción de aluminio en el sur del país. Así nació, en 1971, Aluar Aluminio Argentino S.A., con su planta en Puerto Madryn. En ese proyecto, Manuel Madanes —tío de Javier— sumó como socio a José Ber Gelbard, el empresario que poco después se convertiría en ministro de Economía de Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón .

"Mi padre no quería socios con actividad política. En cambio, mi tío invitó a incorporarse a la compañía a José Ber Gelbard. Eso generó entre ellos un abismo de diferencias", contó alguna vez Javier Madanes Quintanilla. Esas tensiones se trasladaron a la segunda generación y, a fines de la década de 1990, Javier terminó comprándoles la mayoría de las acciones a sus primos, los hijos de Manuel, consolidando así el control del holding familiar .

Hoy, Aluar es el único productor de aluminio primario del país, un insumo estratégico para la fabricación de aviones, automóviles, trenes de alta velocidad, tanques, superestructuras de buques, bicicletas, envases de alimentos y latas de gaseosas. La planta de Puerto Madryn produce más de 500.000 toneladas de aluminio al año y exporta alrededor del 80% de su producción, siendo Estados Unidos su principal mercado de destino, con el 40% del total exportado .

A través de Aluar, el grupo controla además la hidroeléctrica Futaleufú —cuya concesión vence en octubre próximo—, Genpat (transporte de energía) e Infa, dedicada a parques eólicos. Actualmente, Madanes Quintanilla impulsa una inversión de 400 millones de dólares para ampliar su parque eólico en la Patagonia, con el objetivo de sumar 336 MW a la planta de Puerto Madryn .

El lado B del emporio: subsidios, deuda nacionalizada y Panamá Papers

El crecimiento del grupo Madanes no estuvo exento de polémicas. Distintas investigaciones periodísticas señalaron que la familia fue una de las principales beneficiarias de políticas de industrialización sustitutiva que incluyeron subsidios y créditos públicos. Un hito en esa historia se produjo durante la última dictadura cívico-militar, cuando el Estado nacionalizó una deuda de Fate por 224 millones de dólares, una obligación privada que terminó pagando el conjunto de la sociedad argentina .

En 2013, el diario La Nación reveló que los Madanes mantenían una estructura offshore para administrar parte de su patrimonio. Según esa investigación, miembros de la familia "fueron accionistas de Aluar y Fate; compartieron fideicomisos y sociedades offshore en Islas Cook, Bahamas, Islas Vírgenes y Panamá con conexiones a cuentas en Suiza" .

Años después, la investigación global de los Panamá Papers volvió a poner el nombre de la familia en el centro de la escena, al quedar expuesta su participación en sociedades radicadas en paraísos fiscales para ocultar patrimonio, eludir el pago de impuestos y fugar capitales. Más recientemente, aparecieron mencionados en los Pandora Papers, confirmando la persistencia de estas prácticas a lo largo del tiempo .

Durante el gobierno de Mauricio Macri, un informe de Horacio Verbitsky identificó a Aluar dentro de las 25 empresas que más fugaron capitales, en un contexto de salida masiva de divisas. Ya en la pandemia, mientras la empresa recibía el beneficio del ATP (Asistencia al Trabajo y la Producción) del Estado nacional, los trabajadores de Fate continuaron produciendo —eran considerados "esenciales" para fabricar neumáticos para ambulancias— y el patrimonio de Madanes Quintanilla se incrementó en más de 50 millones de dólares entre febrero de 2020 y febrero de 2021, según investigaciones del CEPA .

El enfrentamiento con el gobierno de Milei

En los últimos años, la figura de Madanes Quintanilla reapareció en la escena pública no solo por los conflictos gremiales en Fate, sino también por sus críticas a las políticas económicas del gobierno de Javier Milei. A principios de 2025, en una entrevista con el podcast La Fábrica, el empresario advirtió que en el sector de fabricación de neumáticos se había perdido el 30% del empleo en un año —unas 1.200 fuentes de trabajo— y reclamó una baja de impuestos para poder competir en igualdad de condiciones con el mercado internacional .

"Acá vas a tener cepo, control de capitales o como quieras llamar. Argentina no puede funcionar sin un control de capitales. Eso es absolutamente imposible por mucho tiempo", afirmó entonces, en declaraciones que generaron una rápida reacción de las filas oficialistas. El ministro de Economía, Luis Caputo, compartió un video de esas declaraciones en su cuenta de X con un emoticón de sorpresa, mientras que el vocero presidencial, Manuel Adorni, respondió con un escueto "¿?" .

Más duro fue el entonces diputado José Luis Espert, quien salió al cruce de Madanes Quintanilla: "Pobre, sangra por la herida que se le esté terminando el curro proteccionista", escribió en sus redes sociales, en una frase que sintetiza la mirada que sectores del oficialismo tienen sobre el empresario .

En el ecosistema digital libertario, las críticas arreciaron tras el anuncio del cierre de Fate. Daniel Parisini, conocido como "Gordo Dan", describió a Madanes Quintanilla como "amante de los gobiernos kirchneristas" que "durante las gestiones de Néstor y Cristina multiplicó varias veces su patrimonio gracias a cuantiosos subsidios". El ex gobernador bonaerense Carlos Ruckauf llegó a calificarlo como "un personaje siniestro" .

La decisión de cerrar Fate: un punto de inflexión

La determinación de cerrar la planta de San Fernando después de 80 años de actividad no fue repentina. Fate venía acumulando problemas desde 2019, cuando aplicó una reducción de 450 puestos. En 2021 y 2022 se registraron nuevos ajustes en el marco de conflictos gremiales que afectaron la producción. En julio de 2024, la compañía solicitó la apertura de un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) ante la administración Milei, argumentando una caída abrupta de ventas y pérdidas superiores a 30 millones de dólares en el primer semestre de ese año .

Según fuentes de la empresa, la planta funcionaba al 30% de su capacidad y la producción total se había reducido un 70% en los últimos años. A eso se sumó la apertura de importaciones impulsada por el gobierno nacional: según un informe de la consultora PxQ, la importación de neumáticos, principalmente desde China, saltó 34,8% entre 2023 y 2025, con una consecuente caída de los precios en dólares del 38,3% .

El conflicto sindical también influyó. Madanes Quintanilla había denunciado en su momento que el ausentismo en la planta de San Fernando alcanzaba el 15%. "La gente considera que es lo mismo venir a trabajar que no trabajar", declaró en una entrevista con LA NACION, en referencia a las dificultades para sostener la producción en medio de medidas gremiales .

Ahora, con la planta cerrada y 920 familias afectadas, el empresario enfrenta uno de los momentos más difíciles de su trayectoria. Desde la empresa aseguraron que se pagarán todas las deudas e indemnizaciones conforme a la ley, aunque el impacto social y político de la decisión promete extenderse por mucho tiempo. Mientras tanto, Madanes Quintanilla seguirá al frente de Aluar, el gigante del aluminio que, a diferencia de Fate, sigue siendo rentable y mantiene en vilo una inversión de 400 millones de dólares en energías renovables, a la espera de definiciones clave como la renovación de la concesión de la represa Futaleufú .

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