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22 de julio de 2026
Azúcar, harinas y ultraprocesados: los alimentos que más contribuyen al aumento de los triglicéridos
Especialistas y estudios internacionales coinciden en que el exceso de carbohidratos refinados tiene un mayor impacto sobre los triglicéridos que el consumo de grasas.
Los triglicéridos elevados dejaron de asociarse exclusivamente al consumo de grasas. La evidencia científica más reciente apunta a que el exceso de azúcares, carbohidratos refinados y alimentos ultraprocesados desempeña un papel determinante en el aumento de estos lípidos en sangre, una alteración vinculada con la resistencia a la insulina, la enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica y la diabetes tipo 2.
Especialistas en metabolismo, endocrinología y hepatología sostienen que este fenómeno responde a cambios en los hábitos alimentarios y al estilo de vida contemporáneo, caracterizado por una mayor ingesta calórica y una reducción de la actividad física.
Los alimentos que más elevan los triglicéridos
De acuerdo con la información difundida por la Mayo Clinic y la Cleveland Clinic, el consumo frecuente de bebidas azucaradas, harinas blancas, postres, comidas rápidas y otros productos con azúcares añadidos favorece el incremento de los triglicéridos.
Cuando el organismo recibe más calorías de las que utiliza, especialmente provenientes de azúcares y carbohidratos refinados, el hígado transforma ese excedente de glucosa en triglicéridos, lo que aumenta su concentración en la sangre.
Los especialistas remarcan que este mecanismo puede presentarse incluso en personas con una ingesta reducida de grasas, lo que cuestiona la idea de que únicamente los alimentos grasos son responsables de la hipertrigliceridemia.
El papel del sedentarismo y el exceso calórico
Las investigaciones también identifican a la inactividad física como uno de los principales factores que favorecen la acumulación de triglicéridos.
El exceso calórico sostenido, especialmente cuando proviene de productos ultraprocesados, bebidas azucaradas y comidas rápidas, contribuye al depósito de grasa en el hígado y favorece la aparición de resistencia a la insulina, considerada una etapa previa al desarrollo de la diabetes tipo 2 y de otros trastornos metabólicos.
Según expertos en enfermedades metabólicas, la enfermedad hepática esteatótica relacionada con la disfunción metabólica alcanza aproximadamente al 40% de los hombres adultos, en un contexto marcado por el aumento del sobrepeso, la obesidad y la disminución de la actividad física.
Qué dice la evidencia científica
La relación entre el exceso de carbohidratos refinados y el aumento de los triglicéridos cuenta con respaldo de distintas investigaciones internacionales.
Un metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados publicado en 2026 por un equipo europeo concluyó que las dietas bajas en carbohidratos producen una reducción significativa de los triglicéridos y mejoran otros indicadores cardiometabólicos en adultos sanos.
La Mayo Clinic y la Cleveland Clinic también coinciden en que reducir el consumo de azúcares añadidos y harinas refinadas constituye una de las principales estrategias para mantener los triglicéridos dentro de valores saludables.
Hormonas, genética y salud hepática
Los especialistas también describen la influencia de otros factores sobre el metabolismo de las grasas.
Según un estudio multinacional citado en la investigación, la combinación de niveles bajos de testosterona con un elevado consumo de fructosa favorece el depósito de grasa en el hígado y altera la microbiota intestinal, cambios que contribuyen al aumento de los triglicéridos y de la acumulación de lípidos en las células hepáticas.
Aunque existe predisposición genética en algunos pacientes, los análisis internacionales indican que la mayoría de los casos de hipertrigliceridemia está asociada a hábitos de vida, entre ellos el exceso de azúcar, el sobrepeso, el sedentarismo, el consumo habitual de alcohol y la resistencia a la insulina.
Los especialistas también advierten que el cáncer de hígado, históricamente vinculado principalmente a causas infecciosas, presenta una asociación creciente con alteraciones metabólicas, motivo por el cual las estrategias preventivas se orientan cada vez más al control del peso corporal, la alimentación y la actividad física.
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