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18 de julio de 2026
"No sé si escribo para Messi o para el nene que fui": el posteo que emociona antes de la final del Mundial 2026
Ignacio "Nacho" Guzmán, médico tucumano e hincha de San Martín, publicó una reflexión que rápidamente encontró eco entre quienes esperan la final entre Argentina y España. Más que un homenaje a Lionel Messi, su texto pone en palabras el miedo silencioso a despedir una época irrepetible.
A horas de una nueva final del mundo para la Selección argentina, las redes sociales comenzaron a poblarse de mensajes de aliento, pronósticos y muestras de ilusión. Sin embargo, entre ese océano de publicaciones apareció un texto diferente. No hablaba de tácticas, estadísticas ni posibles formaciones. Tampoco discutía quién llegaba mejor al partido. Hablaba de algo mucho más profundo: del paso del tiempo.
Su autor es Ignacio Guzmán, un joven médico tucumano conocido por muchos simplemente como "Nacho" y también por su fanatismo por San Martín de Tucumán. Su publicación, escrita en primera persona, encontró rápidamente un eco que excede su círculo cercano. Porque, aunque está dedicada a Lionel Messi, en realidad habla de todos.
Desde las primeras líneas queda claro que el centro del relato no es únicamente la final que Argentina disputará frente a España. El verdadero protagonista es esa sensación difícil de explicar que aparece cuando todavía queda un partido por jugar, pero ya comienza a insinuarse la despedida de una etapa que parecía no tener fin.
Guzmán reconstruye su propia historia como hincha a través de Messi. Recuerda la camiseta del Barcelona con el número 10, las tardes frente al televisor esperando que la pelota llegara a los pies del rosarino y esa certeza infantil de que, mientras él estuviera en la cancha, siempre podía ocurrir algo extraordinario.
En ese recorrido aparecen también los momentos que marcaron la carrera del capitán argentino: su salida de Rosario siendo apenas un niño, el tratamiento para poder crecer, los años de gloria en Barcelona, las derrotas con la Selección, las críticas, las frustraciones y, finalmente, la revancha que lo terminó consagrando en la cima del fútbol mundial.
Pero el texto no se detiene en los títulos ni en los récords. El eje está puesto en otra dimensión de Messi: la capacidad de haber acompañado el crecimiento de toda una generación de argentinos.
"Nunca admiré a nadie así", escribe Guzmán. Y esa frase resume el corazón de toda la publicación. Porque el temor que expresa no es solamente que se retire el mejor futbolista de la historia. Lo que realmente lo conmueve es la posibilidad de no volver a sentir esa admiración absoluta que solo existe durante la infancia, cuando los ídolos todavía parecen invencibles y el fútbol tiene algo de magia.
En uno de los pasajes más conmovedores del texto admite que quizás el problema no sea quién venga después de Messi, sino que él mismo ya no volverá a mirar a nadie con los ojos del niño que fue.
Esa reflexión convierte una experiencia íntima en un sentimiento colectivo. Millones de argentinos crecieron con Messi como una presencia permanente. Lo vieron debutar siendo adolescentes o niños y hoy llegan a otra final del mundo siendo adultos. En ese recorrido también cambiaron ellos. Cambiaron sus vidas, sus responsabilidades y su manera de mirar el fútbol.
Por eso, la publicación de Guzmán encuentra tanta identificación. No habla únicamente de un jugador. Habla del paso del tiempo. Habla de la infancia. Habla de los recuerdos que quedan guardados en una camiseta vieja, en un partido visto con el padre, con los amigos o frente a un televisor que ya no existe.
En el cierre de su mensaje imagina que, muchos años más adelante, volverá a encontrar aquella camiseta del Barcelona con el número 10 en el fondo de un cajón. Dice que probablemente ya no le entre, pero que igual la abrazará.
No porque sea una camiseta. Sino porque será el recuerdo de la única vez que sintió que tuvo un superhéroe.
Quizás por eso su publicación conmovió tanto en la previa de la final entre Argentina y España. Porque recordó algo que muchos sienten y pocos logran expresar.
Que el domingo no solo estará en juego otra estrella. También la posibilidad de disfrutar, aunque sea durante noventa minutos más, de un futbolista que marcó una época y que acompañó la vida de millones de argentinos.
Y porque, como escribió Nacho Guzmán, cuando esa historia termine no solo se despedirá el mejor jugador que muchos vieron alguna vez. También se irá, para siempre, una parte de la infancia de toda una generación.
El posteo de Instagram:
El texto completo:
No sé si escribo para Messi, para la Selección o para el nene que fui.
Argentina va a jugar otra final del mundo y debería pensar solamente en eso: en el partido, en ganar, en volver a gritar campeón. Al final, es fútbol. Un juego.
Pero hay algo que no me deja. Una tristeza silenciosa, de esas que aparecen cuando todavía tenés algo y, sin embargo, ya empezás a extrañarlo. Porque este Mundial no importa solamente por lo que puede pasar el domingo. También nos recuerda que una historia que parecía eterna está entrando, de a poco, en sus últimas páginas.
De chico tenía una camiseta del Barcelona con el 10. Me la ponía para verlo jugar y me sentaba frente al televisor sin entender de tácticas, estadísticas ni récords. Solo sabía que, si la pelota le llegaba a él, algo podía pasar.
Y casi siempre pasaba.
Ahí el fútbol dejaba de ser solamente fútbol. Porque Messi me hizo creer que existía un superhéroe de verdad. Uno sin capa ni poderes, al que le alcanzaba una pelota para hacer que todo pareciera posible.
Con los años conocí su historia. La del nene que dejó Rosario y se fue lejos de su familia detrás de un sueño incierto. La del chico que tuvo que ponerse inyecciones para crecer, que empezó desde abajo y terminó llegando más alto que todos.
Después lo vimos hacer historia. Brilló en aquel Barcelona inolvidable y sufrió con Argentina. Ganó, perdió, soportó críticas injustas, se rompió y encontró la fuerza para intentarlo otra vez.
Pero nunca lo admiré solamente por cómo jugaba. Lo admiré por su humildad, por hablar poco y responder en la cancha, por seguir pareciendo aquel pibe que solo quería jugar a la pelota incluso cuando el mundo entero ya sabía que estaba frente al mejor.
Nunca admiré a nadie así.
Y eso es lo que más miedo me da.
Me asusta no volver a ver nada igual. Que aparezcan jugadores extraordinarios, rompan récords y ganen todo, pero ninguno consiga tocarme de la misma manera.
Aunque quizás no dependa solamente de quién venga después.
Quizás también sea porque yo ya no tengo los mismos ojos.
A Messi lo conocí cuando todavía era un nene, cuando uno admiraba sin filtros y sin cuidarse de sentir demasiado. Cuando ponerse una camiseta con el número 10 alcanzaba para sentirse invencible. Hoy puedo reconocer el talento de cualquiera, pero no sé si alguna vez voy a volver a mirar a alguien como lo miré a él.
No sé si voy a volver a esperar un partido solamente por una persona. Si alguien volverá a hacerme sentir que, mientras esté en la cancha, todo puede cambiar en el último instante.
No sé si voy a volver a tener un superhéroe.
Mientras él siga ahí, siento que aquel nene todavía sigue conmigo. El que se sentaba frente al televisor con una camiseta, sin saber de despedidas ni entender que las cosas lindas también terminan. El que era feliz con solo verlo tocar una pelota.
Por eso esta final es distinta.
No es solamente otra oportunidad de ganar. Es otra oportunidad de verlo, de quedarme un rato más en esta historia y de hacer de cuenta, durante noventa minutos, que el tiempo todavía no pasó por nosotros.
Algún día habrá otros mundiales, otros nombres y otros chicos con nuevas camisetas. Nosotros también vamos a seguir.
Pero cuando esta historia termine, no voy a llorar solamente porque se vaya el mejor jugador que vi.
Voy a llorar porque voy a entender que quizás nunca vuelva a presenciar algo parecido. Y, sobre todo, porque ya no voy a poder mirar a nadie con los ojos del nene que fui.
Tal vez, muchos años después, encuentre esa camiseta del Barcelona con el 10 en el fondo de un cajón. Ya no me va a entrar, pero la voy a abrazar igual.
Porque no será solamente una camiseta.
Será el recuerdo de la única vez en mi vida que tuve un superhéroe.
Y de una época en la que alcanzaba con que Messi tuviera la pelota para sentir que todo podía terminar bien.
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