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16 de marzo de 2026

Por qué la carne seguirá cara en la Argentina: las claves de un aumento que se extenderá hasta 2028

Menor cantidad de animales a faena, retención de vientres, récord en precios de exportación y un mercado global que no da tregua explican la tendencia alcista que ya impactó en los mostradores durante el verano.

El primer bimestre de 2026 confirmó que la carne vacuna continúa ubicándose entre los productos más sensibles de la economía argentina, con una suba promedio cercana al 12 por ciento que duplicó la inflación general del período, estimada en torno al 6 por ciento. La diferencia volvió a instalar en la agenda pública la preocupación por un alimento central en la canasta familiar y encendió las alarmas en el sector, que proyecta al menos dos años más de incrementos sostenidos.

Los datos difundidos por el Indec muestran que los cortes de carne avanzaron muy por encima del índice general durante enero y febrero, en lo que constituye una continuidad del comportamiento registrado a lo largo de 2025. En los últimos cinco meses, el aumento acumulado del producto ronda el 60 por ciento, una cifra que evidencia la magnitud del fenómeno y su impacto directo en el bolsillo de los consumidores.

Detrás de esta escalada confluyen factores que exceden la dinámica puramente local y que tienen que ver tanto con el ciclo biológico de la ganadería como con el comportamiento de los mercados internacionales. El ingeniero agrónomo Javier Preciado Patiño, ex subsecretario de Mercados Agropecuarios, explicó que el sector atraviesa un proceso de reacomodamiento en el que los saltos de precios se alternan con períodos de estabilización en niveles cada vez más altos. "Hoy la carne vacuna está en busca de un punto de equilibrio entre lo que la demanda va a consolidar de precio y la oferta. Ese es el gran tema", señaló.

Uno de los indicadores más claros de esta tensión se observa en el mercado de hacienda. En un reciente remate en la Bolsa de Comercio de Rosario, el precio del ternero superó los cuatro dólares por kilo, uno de los valores más altos registrados para esa categoría. El promedio de la operación se ubicó en 6.222 pesos por animal en el inicio de la zafra, un nivel que, según un informe de Rosgan, el mercado de referencia para la ganadería argentina, marcó un nuevo piso para los valores de la hacienda en pie.

La explicación de fondo tiene que ver con una oferta cada vez más ajustada. Durante febrero ingresaron a frigoríficos 924.333 vacunos, una caída del 10,7 por ciento en comparación con el mismo mes del año anterior y un descenso respecto de los 1.018.668 animales faenados en enero, de acuerdo con datos de la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario. Esta disminución responde a dos movimientos típicos del ciclo ganadero: la retención de vientres por parte de los productores, que buscan recomponer el stock después de años de liquidación, y la consecuente menor cantidad de animales disponibles para faena.

Esa menor oferta ya se tradujo en subas en los mostradores. Solo en febrero, los cortes relevados por el Indec registraron incrementos de entre 5,7 y 8,1 por ciento, una tendencia que se profundizó con el correr de las semanas.

El frente externo opera en la misma dirección. A diferencia de lo ocurrido con otros alimentos, que desde los picos de 2022 registraron caídas significativas, la proteína animal mantuvo una tendencia alcista en el mercado global. Según el índice de precios de alimentos de la FAO, mientras cereales, aceites y azúcar acumulan retrocesos de entre el 20 y el 36 por ciento desde los máximos de 2022, el índice de la carne subió casi un 8 por ciento, con un avance del 12,5 por ciento para la carne vacuna en particular.

Esa firmeza se traslada directamente a los valores que reciben los frigoríficos argentinos por sus exportaciones. De acuerdo con la Asociación de Productores Exportadores Argentinos, el precio de referencia para la Cuota Hilton llegó a 22.000 dólares por tonelada para el bife ancho y a 21.000 dólares para garrón y brazuelo, lo que representa subas de entre el 7 y el 9 por ciento en el último mes y de más del 30 por ciento en la comparación interanual.

Con esos precios como telón de fondo, los embarques al exterior se aceleraron. Durante febrero se certificaron 9.617 toneladas con destino a la Unión Europea, un salto del 150 por ciento frente a enero y el doble del volumen registrado en el mismo mes del año pasado, según datos del Senasa. China se mantiene como el principal comprador, mientras que Estados Unidos recupera relevancia a partir de la posibilidad de ampliar el cupo de exportación hasta las 100.000 toneladas, en el marco del acuerdo de comercio e inversión firmado entre ambos países.

El conflicto en Medio Oriente también agrega una cuota de incertidumbre. Aunque los países de esa región representan menos del 5 por ciento de la demanda mundial de carne vacuna, para la Argentina son un destino significativo. Israel, Qatar y Emiratos Árabes Unidos concentran más del 7 por ciento de los embarques y cerca del 11 por ciento de las divisas que genera el sector. Entre enero y febrero de este año, las exportaciones hacia esos países totalizaron 11.400 toneladas, el 12,5 por ciento del total certificado.

Pero más allá de las coyunturas locales o globales, en el sector ganadero pesa un factor estructural que condiciona cualquier proyección a futuro. A diferencia de otras actividades productivas, la oferta de carne no puede aumentar de un año a otro. Desde que un productor decide retener una vaca para recomponer el rodeo hasta que ese animal, ya convertido en novillo, llega al mercado, pueden pasar entre dos y tres años. Durante ese lapso, la oferta permanece restringida y los precios, por lo tanto, tienden a mantenerse elevados.

Por esa razón, incluso si la demanda interna se estabiliza o muestra signos de contracción, los analistas advierten que los valores de la carne vacuna podrían sostenerse en niveles altos durante un período de entre dos y tres años, mientras el sistema productivo completa el proceso de recomposición del stock. El 2026, en ese sentido, sería apenas el comienzo de un ciclo de precios firmes que se extendería, al menos, hasta 2028.

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