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POLITICA

13 de marzo de 2026

Violencia política en Tucumán: del ataque a Sandra Manzone en 2013 al cabezazo al diputado Federico Pelli

El cabezazo que dejó con fractura nasal al diputado Federico Pelli no es un hecho aislado en la política tucumana. Desde la brutal agresión a la concejal Sandra Manzone en 2013 hasta los episodios recientes de violencia territorial, distintos hechos muestran cómo la disputa política en la provincia, dominada por el peronismo desde el retorno de la democracia, vuelve a rozar los límites de la convivencia democrática.

El video dura apenas unos segundos, pero condensa una escena que en Tucumán despierta recuerdos incómodos. El diputado nacional Federico Pelli, dirigente de La Libertad Avanza, intenta ingresar a la ciudad de La Madrid, en el sur de la provincia, con un pequeño convoy de dirigentes y colaboradores que llevaban colchones y ayuda para familias afectadas por las inundaciones. En el acceso a la localidad, un hombre se interpone en su camino. Pelli le pregunta quién es y por qué no lo deja pasar. El intercambio es breve. El hombre avanza y le aplica un cabezazo directo en el rostro. El diputado retrocede inmediatamente con la cara cubierta de sangre.

El agresor fue identificado como Marcelo Claudio “Pichón” Segura, un empleado público provincial que, según denunciaron dirigentes libertarios, estaría vinculado políticamente al entorno del ministro del Interior tucumano, Darío Monteros, uno de los principales operadores del gobierno de Osvaldo Jaldo.

El impacto fue tan violento que el legislador debió ser trasladado primero al Hospital Regional de Concepción y luego a un centro médico en la capital provincial. El diagnóstico confirmó lo que se advertía en las imágenes: fractura de tabique nasal y traumatismo encefalocraneano.

El trauma fue realmente fuerte”, explicaron los médicos que lo atendieron tras realizarle estudios de imágenes para descartar lesiones cerebrales.

Pelli terminó siendo operado para reparar la fractura nasal y debió permanecer internado mientras evolucionaba su cuadro clínico. Paralelamente, la Justicia tucumana avanzó con la causa penal contra el agresor. El juez Raúl Ángel Robín Márquez dispuso cuatro meses de prisión preventiva para Segura, imputado por lesiones graves agravadas por alevosía.

La defensa del acusado, a cargo del abogado Ernesto Baaclini, ofreció una versión distinta del episodio. Según el letrado, su cliente se encuentra arrepentido y actuó en un contexto de provocación. “Sabe que ha cometido un hecho lamentable y está arrepentido”, aseguró, aunque también sostuvo que el golpe se produjo luego de comentarios que Segura habría recibido de parte de la comitiva libertaria.

El incidente ocurrió en un contexto particularmente sensible: La Madrid era una de las zonas más afectadas por el temporal que había provocado inundaciones y daños en viviendas en el sur de la provincia. En ese marco, la presencia de dirigentes políticos generó tensiones entre vecinos y militantes que se encontraban trabajando en la asistencia a los damnificados.

Sin embargo, más allá de las circunstancias inmediatas del ataque, el episodio volvió a abrir una discusión que atraviesa la política tucumana desde hace años: la violencia que emerge cada tanto cuando la disputa política baja al territorio.

Porque lo ocurrido con Pelli no es un hecho completamente aislado.

2013: la golpiza a la concejal Sandra Manzone

Para encontrar un antecedente directo hay que retroceder más de una década. En agosto de 2013, en plena campaña legislativa, la concejal Sandra Manzone, dirigente de la Coalición Cívica-ARI, fue brutalmente agredida durante una caminata política en el barrio Ejército Argentino, en el sur de San Miguel de Tucumán.

La actividad formaba parte de la campaña del frente opositor que encabezaba el entonces senador radical José Cano. La recorrida estaba por comenzar cuando un grupo de personas interceptó a los dirigentes en la intersección de avenida Independencia y calle Constitución.

Según el relato de los propios dirigentes opositores, los agresores comenzaron advirtiendo que no permitirían que ingresaran al barrio. “Tenemos órdenes de no dejarlos pasar. Este es nuestro territorio”, habrían dicho antes de que comenzaran los incidentes.

La situación escaló rápidamente. Los insultos dieron paso a empujones, botellazos y piedrazos. En medio de la agresión, Manzone fue rodeada por varias personas que comenzaron a golpearla.

El ataque le provocó edemas en el cuero cabelludo y en la mejilla derecha, además de lesiones en los labios y las encías, según el informe del cuerpo médico forense. La dirigente opositora terminó siendo la víctima más golpeada de aquella jornada.

Tras el episodio, Manzone fue categórica al denunciar lo ocurrido. “Se creen dueños de las calles. No podemos tolerar estos atropellos”, afirmó, luego de radicar la denuncia en la comisaría correspondiente.

La oposición responsabilizó políticamente al entonces gobernador José Alperovich, líder del Partido Justicialista, por el clima de violencia que se había instalado en la campaña. “Responsabilizamos al gobernador por estos hechos y lo hacemos cargo de garantizar la seguridad”, señalaron desde el espacio opositor en aquel momento.

El oficialismo negó cualquier vinculación con el ataque, pero el episodio dejó una marca profunda en aquella campaña electoral.

El territorio donde se construye el poder

Tanto el caso de Manzone como el de Pelli comparten un elemento central: ocurrieron en el territorio.

Desde el retorno de la democracia en 1983, Tucumán ha estado gobernada de manera casi ininterrumpida por el Partido Justicialista. Durante más de cuatro décadas, el poder provincial pasó por distintos liderazgos del peronismo —desde Ramón “Palito” Ortega hasta José Alperovich, Juan Manzur y Osvaldo Jaldo— pero mantuvo una característica constante: una estructura política profundamente territorial.

Esa estructura se sostiene en intendencias, comunas rurales, organizaciones sociales y redes de militantes que operan en barrios y localidades del interior.

En ese escenario, la política tucumana adquiere una intensidad particular. Las caminatas barriales, las recorridas de campaña o las visitas de dirigentes opositores a determinados sectores suelen convertirse en momentos de máxima tensión. Es allí donde, cada tanto, aparecen episodios de violencia.

No se trata de una práctica generalizada en toda la dirigencia política. Pero distintos episodios muestran que sectores vinculados al oficialismo provincial han recurrido históricamente a la presión territorial como forma de disputa política.

El ataque a Manzone en 2013 ocurrió en ese contexto. El de Pelli también.

Dos escenas separadas por trece años

Entre ambos episodios hay trece años de distancia. Cambiaron los liderazgos políticos, cambiaron los gobiernos nacionales y también cambió el mapa político con la irrupción de fuerzas como La Libertad Avanza.

Pero las escenas guardan una similitud inquietante. En ambos casos hay un dirigente opositor que intenta ingresar a un territorio. En ambos casos aparece un grupo o un actor local que intenta impedirlo. Y en ambos casos la violencia aparece en cuestión de segundos.

La diferencia es que ahora la escena quedó registrada en video y se difundió a escala nacional.

Una discusión que vuelve cada vez

El expediente judicial contra Marcelo Segura seguirá su curso y será la Justicia la que determine responsabilidades penales.

Pero más allá de la causa judicial, el episodio dejó abierta una discusión política más profunda.

Durante décadas, el Partido Justicialista ha sido la fuerza dominante en Tucumán. Ese dominio prolongado consolidó una estructura territorial poderosa que le permitió ganar elecciones de manera sistemática.

Al mismo tiempo, esa lógica de poder territorial generó un escenario donde la política se vive con una intensidad que, en ocasiones, cruza límites.

El cabezazo que fracturó la nariz de un diputado nacional volvió a poner esa tensión bajo la lupa. Porque cada vez que un dirigente termina golpeado en una calle o en una ruta, la escena no habla solamente de un agresor y una víctima. Habla también de una cultura política. Y de los límites que una sociedad está dispuesta —o no— a ponerle a la violencia cuando la disputa por el poder se vuelve demasiado personal.

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