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27 de junio de 2026

El rey Carlos III pagó más de 30 millones de libras en impuestos y desistió de vivir en Buckingham

El Palacio reveló el 25 de junio que el monarca abonó 12,9 millones en el último ejercicio y que, tras la refacción, el edificio será solo sede ceremonial. Es la primera vez que un soberano hace pública esa información.

En dos anuncios sin precedentes para la monarquía británica, el rey Carlos III hizo pública su declaración de impuestos y confirmó que no se mudará al Palacio de Buckingham una vez que terminen las obras de renovación. Ambas decisiones se dieron a conocer el 25 de junio y, según el Palacio, responden a una voluntad de transparencia y modernización frente al creciente escrutinio público sobre las finanzas de la Corona.

Por primera vez, un soberano británico reveló cuánto pagó en impuestos sobre sus ingresos privados. El Palacio de Buckingham informó que Carlos III abonó 12,9 millones de libras (15 millones de euros) correspondientes al ejercicio 2024-2025. De esta forma, el monto total desde su ascenso al trono en 2022 supera los 30 millones de libras (35 millones de euros). Esa cifra comprende el impuesto sobre la renta y el de plusvalías aplicados a los ingresos que el rey obtiene de sus propiedades personales de Balmoral, en Escocia, y Sandringham, en Inglaterra.

Un vocero del Palacio señaló que la medida fue una “petición expresa del Rey” y que forma parte de “las adaptaciones implementadas desde su ascenso al trono”. La Casa Real recordó además que Carlos III ya publicaba esa información cuando era príncipe de Gales, aunque ahora adquiere una dimensión política inédita al estar al frente del Estado. La situación fiscal del monarca es estrictamente confidencial y no existe obligación legal de divulgarla.

El mismo 25 de junio, el Palacio confirmó que Carlos III y la reina Camila no se instalarán en el Palacio de Buckingham al concluir el programa de renovación, iniciado en 2017 y con finalización prevista para 2027. La obra tiene un costo de 369 millones de libras (428 millones de euros). En lugar de mudarse, los reyes permanecerán en Clarence House, su residencia actual, y Buckingham quedará como “centro ceremonial de la vida real”, destinado a recepciones de Estado, actos oficiales y con mayor apertura al público.

Se trata de una ruptura con casi dos siglos de tradición. Desde la reina Victoria, todos los monarcas británicos habían fijado su residencia londinense en ese edificio de 775 habitaciones, construido en la década de 1820. Carlos III, sin embargo, nunca tuvo apego por el lugar. La fuente indica que su madre, la reina Isabel II, siendo joven también intentó no instalarse allí porque lo consideraba “demasiado lúgubre”, pero el entonces primer ministro Winston Churchill se lo impuso al sostener que la Corona debía mostrar su magnificencia.

Consultado por la agencia Associated Press, el rey dijo: “Espero un segundo acto para Buckingham”. El monarca aludió a “propuestas más radicales” para el futuro del palacio, sin precisar su alcance.

Los anuncios ocurren en un contexto de presión sobre la monarquía. La fuente señala que el caso del príncipe Andrés, hermano del rey, y sus vínculos con el delincuente sexual Jeffrey Epstein siguen generando titulares que opacan los esfuerzos de Carlos III por modernizar la institución. Craig Prescott, experto en derecho constitucional de la Universidad de Londres, calificó la estrategia como “estrategia del contraste”: mostrar máxima transparencia para que el contraste con Andrés sea aún mayor.

A eso se suma la presión por el financiamiento público de la Corona. El Sovereign Grant —la dotación que recibe la monarquía de los contribuyentes— alcanzará 132,1 millones de libras (153 millones de euros) en el período 2025-2026.

El especialista en monarquías Stephan Bern sostuvo que “el Palacio reconoce que necesita una mayor transparencia” y que el enfoque busca demostrar que “una institución milenaria puede evolucionar”. También remarcó que, a diferencia de su hijo, el príncipe Guillermo, que optó por no publicar su información fiscal, Carlos III “ya cuando era Príncipe de Gales, hacía pública su declaración de la renta”.

Las medidas no recogieron consenso unánime. Graham Smith, del movimiento antimonárquico Republic, criticó que “esta cifra global no dice mucho si no se detallan los ingresos del Rey” y acusó al Palacio de “presentar a Carlos III como un generoso contribuyente a las finanzas públicas mientras elude las cuestiones de fondo”.

Para Bern, el mensaje del rey es claro: “la monarquía británica entra en una nueva era”. Se trata, resumió, de demostrar que la monarquía puede ser “a la vez, tradicional y moderna”, en un país donde los debates sobre su utilidad y su costo nunca fueron tan intensos.

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