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POLITICA

22 de junio de 2026

Tucumán, la provincia que desafió la apatía nacional con casi 80% de votantes

Mientras el ausentismo marcó un récord en el país con apenas el 67,85% de concurrencia, el distrito norteño ratificó su excepcionalidad democrática al trepar al 79,7% y liderar el ranking por amplio margen.

En un escenario nacional donde casi un tercio del padrón decidió quedarse en casa, la provincia de Tucumán volvió a escribir una historia completamente distinta. Los comicios nacionales del 26 de octubre de 2025 dejaron una postal dual: mientras la participación promedio del país se derrumbó hasta el 67,85% —una de las marcas más pobres desde 1983—, el distrito gobernado por Osvaldo Jaldo registró una afluencia del 79,7% a las urnas. De los 1.341.563 ciudadanos habilitados para votar en suelo tucumano, 1.069.477 efectivamente sufragaron, una diferencia de casi 12 puntos porcentuales por encima de la media nacional que ninguna otra jurisdicción logró siquiera amenazar.

La brecha con el resto de las provincias resultó tan elocuente como el propio dato de Tucumán. Neuquén, el segundo distrito con mayor respuesta electoral, alcanzó el 75,2%, seguido por Santiago del Estero con el 74,3%. Ambas superaron con holgura el promedio del país pero quedaron a más de cuatro puntos de la provincia norteña.

El contraste se volvió todavía más pronunciado al observar lo ocurrido en territorios con enorme peso en el colegio electoral: Córdoba se limitó al 65,8%, Santa Fe al 63,6% y Misiones al 62,2%. El piso de la serie lo ocupó Corrientes, donde apenas seis de cada diez electores concurrieron a votar (60,5%).

La provincia de Buenos Aires, que concentra el 37% del padrón argentino, apenas rozó el 69,4%. Traducido a números concretos, más de cuatro millones de bonaerenses optaron por no participar. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la participación fue del 69,6%, mientras que Chaco marcó 65,6% y Chubut 70,3%.

Por encima de la media nacional se ubicaron Entre Ríos (70,8%), Jujuy (70,7%), San Juan (72,1%), La Rioja (69,9%) y Mendoza (70,2%). San Luis (64,5%) y Santa Cruz (64,8%) integraron el lote de las más rezagadas.

Un comportamiento que se consolida ciclo tras ciclo

Lejos de tratarse de un hecho fortuito, el liderazgo de Tucumán en materia de concurrencia electoral reconoce antecedentes firmes en procesos anteriores. Durante las legislativas de 2021, cuando Salta tocó el fondo nacional con un magro 63%, la provincia norteña volvió a exhibir un 80% de participación.

Dos años más tarde, en 2023, todas las jurisdicciones superaron el umbral del 70% para los cargos legislativos nacionales, pero fue otra vez Tucumán la que encabezó la tabla con un contundente 83%.

Esa regularidad a lo largo de distintos calendarios electorales ha transformado al distrito en un objeto de análisis para consultores y cientistas políticos. Entre los factores que suelen mencionarse para explicar el fenómeno aparecen el arraigo de la tradición política provincial, el despliegue territorial de las estructuras partidarias y una cultura del sufragio que atraviesa a diferentes sectores sociales de manera transversal. Se trata de un entramado de condiciones que, medición tras medición, coloca a Tucumán varios escalones por encima del comportamiento colectivo del resto del país.

Récord de ausentismo a escala nacional

El 67,85% de participación registrado en octubre de 2025 representa uno de los guarismos más bajos desde la recuperación democrática. Con ese porcentaje, el ausentismo trepó al 32,15%, lo que equivale a 11.570.024 argentinos que, sobre un padrón total de 35.987.634 personas, resolvieron no acercarse a las escuelas.

La magnitud del dato ya había sido anticipada por las elecciones provinciales desdobladas que se celebraron entre abril y septiembre: en seis de esos diez distritos —San Luis, Salta, Misiones, Santa Fe, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Chaco— la participación ni siquiera logró perforar el piso del 60%.

El malestar social y el agotamiento frente a un contexto económico prolongadamente adverso aparecen señalados como los motores principales de la baja afluencia. Diversos analistas vincularon el ausentismo récord con el deterioro del vínculo entre la ciudadanía y la dirigencia, la desconfianza creciente hacia las instituciones, la percepción extendida de corrupción en la política y la convicción de que el acto de votar no se traduce en transformaciones concretas. En ese paisaje de retracción generalizada, la performance tucumana volvió a brillar como una anomalía difícil de equiparar.

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