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18 de marzo de 2026

A 12 años de su muerte, el hijo de "Yiya" Murano revela nuevas pruebas y anticipa un documental de Netflix

Martín asegura que su madre, la conocida "envenenadora de Monserrat", habría asesinado al menos a otras tres personas no vinculadas a la causa original. También afirma haber descubierto quién le proveía el cianuro y denuncia un acuerdo hereditario que lo perjudicó.

A más de doce años de la muerte de María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, conocida popularmente como "Yiya" o la "envenenadora de Monserrat", su hijo único, Martín, decidió romper el silencio y aportar nuevos datos que podrían ampliar la historia criminal de su madre. En una entrevista con este medio, aseguró que tiene pruebas de que al menos otras tres personas —dos mujeres y un hombre— fueron envenenadas por ella, y que además descubrió la identidad de quien le proveía el cianuro.

Las declaraciones de Martín Murano cobran especial relevancia a pocas semanas del estreno de un documental sobre el caso en la plataforma Netflix, previsto para principios de abril. Según adelantó, allí se conocerán en detalle las pruebas que recopiló por sus propios medios durante años.

Víctimas previas y un hombre asesinado

De acuerdo con el relato de Martín, los homicidios que ahora denuncia habrían ocurrido con anterioridad a los tres crímenes por los que Yiya fue condenada en 1979: los asesinatos de Carmen "Mema" Zulema del Giorgio de Venturini (su prima segunda), Nilda Adelina Gamba (su vecina) y Lelia Elida "Chicha" Formisano de Ayala (amiga de esta última).

"Estas mujeres estaban relacionadas indirectamente con otro asesino, Burgos, el descuartizador de Barracas. Ellas vivían en el mismo edificio que él y eran inversionistas de mi madre", explicó Martín. El dato introduce un vínculo hasta ahora desconocido con un criminal de la década del '50.

Pero la revelación más impactante es la posible existencia de una víctima masculina. "Él estaba relacionado con la familia. Y de todo esto tengo pruebas", sostuvo el hijo de Yiya, sin brindar más precisiones por el momento.

El acuerdo hereditario y los lotes usurpados

Otro de los ejes de la investigación personal de Martín apunta a maniobras legales que, según denuncia, lo despojaron de una importante herencia tras la muerte de su padre, Antonio Murano, el primer esposo de Yiya.

"Entre Yiya —ya estando detenida—, su hermana y un ave negra, mal llamado abogado, hicieron una cesión de derechos hereditarios cuando muere mi viejo, en favor del abogado que había sido socio de mi vieja", relató.

Ese acuerdo, según Martín, le costó una fortuna: "Me robaron 96 lotes en Mar del Plata y casi 100 en el partido de Esteban Echeverría, donde se construyó la Villa Transradio".

El misterio del veneno, develado

Uno de los grandes interrogantes que la Justicia nunca pudo resolver durante la investigación original fue el origen del cianuro con el que Yiya envenenó a sus víctimas. Martín asegura que ahora tiene la respuesta.

"Descubrí quién le dio el veneno. Él me contactó a mí. Y ahora tiene más de 70 años", puntualizó, sin revelar su identidad. El dato, de confirmarse, podría reabrir líneas de investigación que permanecieron cerradas durante décadas.

El caso que conmocionó al país

Yiya Murano fue detenida el 27 de abril de 1979, acusada de envenenar con cianuro a su prima y a dos amigas entre febrero y marzo de ese año. Las víctimas habían invertido dinero en un negocio fraudulento propuesto por Yiya, y ella las asesinó para no pagar la deuda.

Un pagaré encontrado en la casa de una de las fallecidas la incriminó. Durante los velorios, llamaba la atención su actitud: lloraba sin lágrimas y se mostraba muy afectada, lo que terminó generando sospechas.

Fue condenada por triple homicidio, estafas reiteradas y hurto, pero recuperó la libertad el 20 de noviembre de 1995, beneficiada por la reducción de pena y la aplicación del "dos por uno". Falleció el 14 de abril de 2014, a los 88 años, sin haber reconocido los crímenes.

Ahora, a más de una década de su muerte, las revelaciones de su hijo podrían reabrir un capítulo oscuro de la historia criminal argentina.

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