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4 de marzo de 2026

Día Mundial de la Obesidad: más de 800 millones de adultos la padecen y los mayores de 50 son los más vulnerables

La prevalencia global de esta enfermedad crónica se triplicó desde 1975. En América Latina, casi el 60% de los adultos y el 33% de los niños tienen exceso de peso. Especialistas advierten sobre el impacto en la población mayor por cambios hormonales y metabólicos.

Cada 4 de marzo, la conmemoración del Día Mundial de la Obesidad pone el foco en una enfermedad crónica que ya afecta a más de 800 millones de personas adultas en el planeta. Su avance impacta de modo particular a quienes superan los 50 años, etapa en la que los riesgos se multiplican y el abordaje requiere estrategias integrales, según advierten especialistas .

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la prevalencia global de esta enfermedad se ha triplicado desde 1975, lo que transformó tanto los desafíos clínicos como las políticas de prevención .

La situación en América Latina

En América Latina y el Caribe, los indicadores muestran un incremento sostenido que lleva la obesidad y el sobrepeso hacia cifras récord. Datos de la Organización Panamericana de la Salud señalan que casi el 60% de los adultos y el 33% de los niños y adolescentes presentan exceso de peso en la región .

Factores sociales, económicos y culturales, sumados a la urbanización acelerada y el cambio en los patrones alimentarios, impulsan esta tendencia alcista. La preocupación aumenta en los segmentos etarios avanzados, donde el peso del problema recae de forma diferenciada por cuestiones fisiológicas propias de la edad .

Riesgos específicos después de los 50

En personas mayores de 50 años, la obesidad adquiere características específicas por su interacción con el envejecimiento fisiológico. La licenciada en nutrición clínica Carolina Caligiuri (mat. 4797) explicó que en esta etapa se observa "aumento de grasa visceral, disminución de masa muscular y menor gasto energético basal". La combinación de estos factores "no solo incrementa el riesgo cardiometabólico, sino que también acelera el deterioro funcional si no se interviene de manera integral" .

Desde el punto de vista metabólico, la obesidad fomenta la resistencia a la insulina, eleva la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2, aumenta la prevalencia de síndrome metabólico y promueve un estado inflamatorio crónico de bajo grado. En el ámbito cardiovascular, contribuye al aumento de la presión arterial, dislipidemias de tipo aterogénico y mayor riesgo de enfermedad coronaria e insuficiencia cardíaca .

Cambios hormonales y fisiológicos

Tanto en mujeres como en hombres, los cambios hormonales vinculados a la edad inciden en la ganancia de peso aun sin modificaciones en la ingesta calórica. En mujeres, la menopausia y el descenso de estrógenos facilitan la acumulación de grasa visceral, disminuyen el gasto energético y aumentan el riesgo cardiometabólico. En los hombres, la reducción de la testosterona genera mayor masa grasa y pérdida muscular .

En ambos sexos, se suma la disminución del metabolismo basal, la sarcopenia progresiva, mayor resistencia a la insulina y alteraciones hormonales como las que afectan a la leptina y grelina, modificando las señales de apetito y saciedad .

Indicadores clave para el control

El monitoreo constante de determinados parámetros clínicos posibilita la detección precoz de complicaciones cardiometabólicas en mayores de 50 años con exceso de peso. Los controles más relevantes incluyen el peso corporal, el índice de masa corporal (IMC) y la circunferencia de cintura, además de la presión arterial, los niveles de glucemia en ayunas y/o hemoglobina glicosilada (HbA1c), un perfil lipídico completo y la función renal .

La evaluación de la composición corporal es particularmente relevante para detectar obesidad sarcopénica y valorar el estado nutricional con mayor precisión que el peso total .

Errores alimentarios frecuentes

En la consulta nutricional, los errores alimentarios más habituales se asocian a la calidad y la distribución de los alimentos más que a la cantidad consumida. Según Caligiuri, predomina el consumo excesivo de harinas refinadas y ultraprocesados con bajo aporte de fibra, déficit de proteínas de alta calidad, pobre consumo de frutas, verduras y legumbres, exceso de sodio y la tendencia a omitir comidas principales o realizar cenas copiosas y desequilibradas .

Se suma la frecuente subestimación del tamaño de las porciones y el descuido en la adaptación de la ingesta energética al descenso del gasto metabólico propio de la edad .

Recomendaciones nutricionales

El enfoque nutricional debe priorizar no solo el control ponderal, sino la preservación de la masa muscular y la reducción del riesgo cardiometabólico. Los lineamientos de Caligiuri hacen foco en asegurar el aporte proteico diario, distribuido en varias comidas; priorizar verduras, frutas, legumbres y cereales integrales; utilizar grasas saludables frente a grasas saturadas y trans; reducir azúcares simples, harinas refinadas y sodio; y adecuar las porciones a la nueva situación metabólica .

La alimentación mediterránea —respaldada por investigaciones científicas— presenta evidencia favorable: se asocia a menor riesgo cardiovascular, mejor control glucémico y un menor aumento de peso en personas mayores .

Actividad física, masa muscular e hidratación

Caligiuri subrayó que la actividad física cumple un papel central: incrementa el gasto energético, mejora la sensibilidad a la insulina, disminuye la grasa abdominal y reduce el riesgo cardiovascular. El entrenamiento de fuerza resulta fundamental para frenar la pérdida muscular y contrarrestar la sarcopenia .

El músculo es el principal consumidor de glucosa; al perder masa muscular se incrementa la resistencia a la insulina y se reduce el metabolismo basal, facilitando la acumulación de grasa. Mantener la masa muscular actúa como factor protector para sostener un peso saludable .

La hidratación también es esencial y suele subestimarse. En adultos mayores, la sensación de sed está disminuida, lo que puede hacer que se confunda hambre con sed, llevando a ingestas alimentarias innecesarias .

Estrategias sostenibles

El establecimiento de hábitos saludables sostenibles requiere conductas adaptadas al contexto, no dietas restrictivas. Caligiuri propone organizar las comidas, evitar ayunos prolongados seguidos de ingestas masivas, preferir alimentos frescos, planificar compras para limitar ultraprocesados, dormir siete u ocho horas, reducir alcohol y azúcares añadidos, incluir proteínas en cada comida y realizar controles clínicos periódicos .

La recomendación proteica para adultos sanos es de 1 a 1,2 gramos por kilo de peso al día, y para situaciones de sarcopenia, enfermedad crónica o riesgo de fragilidad, elevarla a 1,2–1,5 gramos por kilo de peso.

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