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POLITICA

27 de febrero de 2026

Murió Darío Lopérfido: el ex funcionario y gestor cultural tenía 61 años y padecía ELA

El ex secretario de Cultura de la Nación y ex ministro de Cultura porteño falleció este viernes como consecuencia de la Esclerosis Lateral Amiotrófica que había hecho pública en un crudo artículo periodístico. Su trayectoria estuvo marcada por la gestión de instituciones clave como el Teatro Colón y por encendidas polémicas en torno a la memoria y los derechos humanos.

El gestor cultural y ex funcionario Darío Lopérfido falleció este viernes a los 61 años como consecuencia de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que él mismo había revelado en un artículo de tono descarnado publicado meses atrás. La noticia fue confirmada por fuentes cercanas a su entorno, en un día que encontró a la cultura argentina y al mundo político procesando la partida de una de las figuras más polarizantes de las últimas décadas.

Nacido en Buenos Aires el 5 de junio de 1964, Lopérfido construyó una carrera que atravesó el periodismo, la gestión cultural y la actividad política. Durante la presidencia de Fernando de la Rúa fue secretario de Cultura de la Nación y luego secretario de Medios de Comunicación, en un período en el que integró el denominado Grupo Sushi, un núcleo de jóvenes funcionarios y asesores que rodearon al entonces presidente. El mote, acuñado con ironía por la prensa, aludía a su perfil urbano y cosmopolita, en contraste con la tradición más austera del radicalismo histórico.

Años más tarde, durante la jefatura de Gobierno de Mauricio Macri, ocupó el cargo de ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y luego asumió como director general del Teatro Colón. En ese rol impulsó una política de coproducciones internacionales y una reorganización administrativa que, según sostuvo, permitió mejorar la programación y la proyección internacional de la sala. Su paso por el Colón, sin embargo, también estuvo marcado por conflictos sindicales y críticas de sectores artísticos que cuestionaron su gestión.

La vida privada de Lopérfido también tuvo momentos de fuerte exposición pública. Durante su relación con la guitarrista y compositora María Gabriela Epumer, figura central del rock argentino de los años ochenta y noventa, la pareja concentró atención mediática en una época de creciente interés por la vida íntima de los personajes públicos. Tras la muerte prematura de Epumer en 2003, Lopérfido la recordó en distintas entrevistas como una figura decisiva en su vida personal. En 2014 contrajo matrimonio con Esmeralda Mitre, heredera del diario La Nación, unión que finalizó a principios de 2018. Un año más tarde, junto a Vinnie Blache Spencer, tuvo a su hijo Theo.

El perfil polémico y el desgaste público

Uno de los episodios que marcó un punto de inflexión en su carrera fue su cuestionamiento público de las cifras de víctimas de la última dictadura militar. Aquellas declaraciones, realizadas en 2016, provocaron una ola de repudios por parte de organismos de Derechos Humanos y sectores políticos, movilizaciones en su contra y finalmente su salida del Ministerio de Cultura porteño. Lopérfido defendió entonces el derecho a revisar datos históricos y denunció lo que consideraba una utilización política de la memoria.

Ese episodio consolidó su perfil como figura polarizante: para algunos, un funcionario dispuesto a desafiar consensos; para otros, un dirigente que cruzó límites inaceptables en temas sensibles para la sociedad argentina. Tras dejar la función pública, continuó vinculado a proyectos culturales y mantuvo presencia en medios y redes sociales, con un estilo caracterizado por la ironía y el tono desafiante.

La revelación de la enfermedad y el final

En los últimos meses su estado de salud se había deteriorado de manera acelerada. Fiel a su estilo directo, Lopérfido decidió anticiparse a los rumores y contar en primera persona el diagnóstico en un artículo publicado en el sitio Seúl, donde abordó la enfermedad con crudeza y sin concesiones retóricas.

"Tener ELA es una mierda. No por la posibilidad de morir, que me tiene sin cuidado. La vejez me resulta odiosa; morir sin atravesar esa catástrofe humana, en cambio, me parece un alivio", escribió entonces. En otro pasaje, describió lo que consideraba la particularidad más desoladora del cuadro: "El problema de la ELA es que es una enfermedad sin épica. Un buen cáncer te da todo un tiempo con tratamientos espantosos durante el que podés aparecer pelado y decir 'yo le voy a ganar al cáncer'. En la mayoría de los casos, el pelado se muere. Pero le deja un legado a su familia: que pueden decir 'cómo la peleó'".

El texto circuló con rapidez en redes sociales y fue leído tanto como un gesto de honestidad brutal como una última intervención pública coherente con la personalidad de quien, a lo largo de su carrera, se caracterizó por el tono frontal y la voluntad de confrontar. Lejos de apelar a la épica del combate contra la enfermedad, eligió desmontarla, marcando distancia con la narrativa habitual de lucha y superación. Esa reflexión fue interpretada por muchos lectores como un gesto de lucidez y coherencia con su visión crítica de los relatos consoladores.

Con su partida a los 61 años, la cultura argentina pierde a un gestor que supo estar al frente de sus instituciones más emblemáticas, y el debate público, a un protagonista que hasta el final mantuvo la voluntad de intervenir en la discusión con un estilo inconfundible.

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